23 de abril de 2013 (Día del Libro)
Para ser inteligente, para
creerse inteligente, para sentirse inteligente. Para no estar solo, para estar
solo, porque más que solo vale estar mal acompañado aunque mucho se diga que no
hay libro malo. Porque hace frío ahí fuera, porque llueve sobre el corazón y
gusta ver la tinta sobre los campos de nieve. Para ser entre la gente.
Para tener un libro de bolsillo
en el bolsillo y ocuparse de un mientras, un ya veremos y de un entretanto. Por
vista, gusto, tacto, olfato y oído y para saber qué alumbra lo que tanto nos
gusta. Por ego y por apego. Para esconderse, para mostrarse, para vestirte,
para desnudarte. Porque sí, por si, porque no, para no. Para ser feliz, por no
ser feliz, por infeliz. Para andar el camino, para encontrar el camino, para
olvidar el camino, para construir un camino, para hacer un alto en el camino. Para no perder el
tren.
Por sed, por hambre, por tierra,
mar y aire. Para mirarse en el espejo, por reflejo incondicionado, para conocer
quién nos habla desde el otro lado del espejo. Por ti, por mí y por ella.
Porque queremos ver y que nos vean y sin embargo qué morbo da la “cita a
ciegas” (el autor pone la alcoba, el editor la casa, el narrador es el que la
luz apaga).
Para ver el humo que avisa donde
está el fuego. Porque estar cansado tiene plumas, la avaricia comienza en el
dar y porque sólo entonces soy como te
quiero. Para tener la libertad que no tiene el solitario. Para pedirte perdón
por el daño que me hiciste, echar sal en
mis heridas e intentar saber cómo me llamo. Porque puedes estar en misa y
repicando, nadar y guardar la ropa, ser Caín y el guardián de tu hermano.
Porque si no se las lleva el viento, arden las palabras. Por pié quebrado y tan
callado. Para conocer la voz de mi amo y para ver si de una vez alcanzo el
silencio. Para ser el enfermo y el psiquiatra. Porque yo no soy como te amo.
Porque el poema es una copa de
vino, y se fue, y el mañana no ha llegado. Por punto de partida y de hoja en
hoja y leo porque me toca. Porque hay vida más allá del punto y aparte y es sano
andar a pie de página. Porque si pierdo la memoria qué pereza. Para ni ser
ciego en Granada ni nos obliguen a elegir entre la pena y la nada. Para jugar
con fuego y no salir quemado. Porque la letra con letra entra, y sale y vuelve
a entrar como beso que no quiere que te calles.
Para tirar la mano, esconder la
piedra y mojar el pan en sangre ajena. Para que me llames y me ames. Para
acabar con la propiedad privada de mis palabras. Porque si echas cuentas te
sale a cuento y hasta te sobran dos quijotes y medio sancho. Y por los libros
de los libros, mal o bien, pero amén.
Autor:
Constantino Bertolo.